
En la mayoría de los casos, cuando compramos un libro es bastante claro cuál es nuestro objetivo. Puede ser para entretenernos, informarnos, etc., tal cual hemos visto en un post anterior. Muchas veces elegimos por el autor, o por una recomendación que hemos leído o alguien nos ha hecho. En realidad, un blog como este tiene como una de sus metas compartir determinados gustos, y en alguna forma ayudarnos a elegir, viendo previamente alguna información sobre el libro.
Una modalidad bastante nueva de elegir es la que ha surgido en las librerías virtuales. Cuando uno compra un libro en Amazon, por poner un ejemplo, debajo aparece un pequeña lista de propuestas, encabezada por la frase “si a usted le interesa ese libro, seguramente le interesarán estos otros…” y a continuación aparecen tres o cuatro propuestas. La idea es muy acertada, ya que mucha gente compra de ese modo, y no sale defraudada en lo más mínimo.
Con los libros de no ficción, en general (claro que no siempre), o en algunos casos los de ficción documentada, como puede ser el ejemplo de “El dinero del diablo”, tal vez no somos conscientes de cuál es el mecanismo que nos motiva.
Los seres humanos somos “confirmatorios”. Nos gusta recibir información que confirma lo que ya pensamos. Son las evidencias de nuestras verdades. Y cuando no sucede así, descartamos con gran facilidad esa información. O lo hacemos más fácil aún: la ignoramos completamente.
Un desafío que me parece interesante es intentar revertir, aunque sea en parte, esta postura. Leer otros puntos de vista diferentes a los nuestros, en actitud abierta. Encontraremos alguna que otra evidencia de lo que ya pensábamos, y cada tanto nos sucederá algo muy deseable: cambiaremos de idea.
Imagen: flickr.com













