La leyenda comienza con una cacería encabezada por el soberbio Don Fernando de Argensola. Éste logra herir a un bello ciervo que aún herido huye velozmente de la persecución humana y canina.Iñigo, el montero de Don Fernando, ordena al tropel que no permitan que el animal cruce hacia la Fuente de los Álamos ya que si esto sucede deberán dejarlo huir.
Justamente esto es lo que sucede y la nueva orden es que se detengan.Cuando Don Fernando llega al lugar increpa a Iñigo por no haber permitido que avancen en busca de la presa, éste le responde que nadie se atreve a cruzar ese límite porque en esa fuente reside un espíritu maligno.
La respuesta provoca una risa burlona en el joven que decide por capricho ir tras su bien merecido trofeo.Varios días después todos se preguntan por qué el señor ha cambiado tanto, habla sólo lo necesario y todas las mañanas toma su ballesta para internarse en el bosque. Parte y vuelve solo, al anochecer cansado y sin siquiera una presa.
En realidad su ballesta de nada sirve para cazar a la dueña de esos ojos verdes que ha contemplado en la fuente, porque el cazador ignora que está a punto de ser cazado.













