El día de ayer, hace 40 años, murió frente a un televisor Jack Kerouac, el padre del beat y autor de la novela de culto On the road (En el camino), cuya prosa y sentido vital adelantó eso que después conoceríamos como contracultura.

Nacido en Lowell (Massachusetts) en 1922, en el seno de una familia francófona, Kerouac fue un autor temprano (a los 16 años ya había escrito un largo poema narrativo), y llenaba cualquier hoja de papel en lugar de atender sus deberes como marinero mercante. A los 28 publicó su primera novela El campo y la ciudad.
Sus biógrafos coinciden en que la escritura para el rebasaba los límites del mero trabajo, un ejercicio místico de autodescubrimiento que batalló, no pocas veces, con un catolicismo de la peor escuela, culpígeno y moralino, que lo atormentó a lo largo de toda su vida, en una contradicción que lo redujó, en pleno auge de su fama, al alcoholismo, la abstinencia y a vivir con su madre.
Sería En el Camino (su segunda novela) el libro que le catapultaría a un primer plano que siempre le resultó incómodo, y le dejaría indeleblemente marcado como el artífice de la generación beat (integrada, entre otros, por Allen Ginsberg, Gregory Corso y Lucien Carr, y de la que siempre renegó, sin lograr apartarse nunca, William Burroughs).
Todo esos escritores aparecen, bajo otros nombres, en el rollo de papel mimeográfico en el que se escribió la primera versión de En el Camino. un asombroso ejercicio de escritura automática y consciencia libre (Kerouac usó el rollo de papel continúo para evitarse la interrupción de cambiar de página en la máquina, y en tres semanas de tecleado continúo terminó las más de 300 páginas del libro, en una marca que le valió las afiladas palabras de Truman Capote: “Eso no es literatura, es mecanografía”):
On the road narra, esencialmente, los viajes sin sentido y las vidas al garate de los beats, capitaneados por los inconstantes instintos de Neal Cassady (la musa omnisexual de Kerouac, que aparece en casi todos sus libros). Travesías que llevan al grupo a atravesar Estados Unidos, y culmina en un cadillac robado en las cumbres de las sierras norteñas mexicanas, en busca de un padre ausente que nunca se dejo encontrar.
“No necesitas razones para moverte: sólo gasolina”.
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